Perros melindrosos o que se aburren de su comida: posibles causas

Descartar un problema de salud
Los perros, aun viviendo a nuestro lado en nuestras sociedades modernas no siempre adaptadas a sus necesidades, siguen siendo animales que, al igual que nosotros, sienten hambre, ya que les permite, como a cualquier animal, simplemente sobrevivir. Esto lleva, de hecho, a algunas interpretaciones excesivas: ¿quién no ha oído alguna vez “un perro no se dejará morir de hambre”?
Sin embargo, ante cualquier cambio de comportamiento, esté o no relacionado con la alimentación, primero deberíamos cuestionarnos sobre el estado de salud de nuestro perro, aunque aparentemente este parezca estar bien.
Aquí te presentamos algunas causas médicas que debes explorar con tu veterinario si tu perro parece poco atraído por su plato:
Trastornos digestivos
- Problemas gastrointestinales como vómitos y diarrea pueden provocar una pérdida de apetito.
- Una pancreatitis crónica puede generar dolores digestivos que pueden causar disorexia.
Problemas metabólicos
- La diabetes mellitus puede afectar el apetito del perro. Si tu perro parece beber más de lo habitual, consulta a tu veterinario.
- Los trastornos tiroideos también pueden influir en el apetito del animal. Un perro que come poco, pero engorda, debe ser motivo de consulta.
Dolor o malestar
- Los problemas de movilidad, especialmente en las últimas vértebras dorsales, pueden provocar una repentina pérdida de apetito, debido al dolor que irradia desde la espalda hacia los órganos digestivos.
Estrés y ansiedad
- Los cambios en el entorno o el estilo de vida del perro pueden afectar su apetito.
Envejecimiento
- Los perros mayores pueden experimentar una disminución natural del apetito.
Obesidad
- Paradójicamente, la obesidad puede estar relacionada con trastornos del apetito y del metabolismo.
Efectos secundarios de medicamentos
- Algunos tratamientos pueden tener un impacto en el apetito del perro.
Cuestionar el entorno
Algunos detalles, que en realidad no lo son, pueden escapársenos, ya que, como propietarios estresados al ver que nuestro perro no come, o come poco, puede ser difícil tomar distancia y tener una visión global de la situación para encontrar soluciones. Esto se refiere, en particular, a algunos ajustes del entorno que a veces pueden resolver el problema cuando este tiene su origen en un entorno inapropiado.
Reparto de recursos en un hogar con varios perros
La presencia de varios perros puede crear una competencia por los recursos, incluida la comida. Algunos perros pueden comer más rápido o en mayor cantidad por miedo a quedarse sin comida, mientras que otros, por el contrario, pueden perder el apetito si se sienten intimidados por la presencia de otros perros durante las comidas. Además, la convivencia con otros perros puede ser una fuente de estrés para algunos individuos: el estrés puede provocar una disminución del apetito en algunos perros y la ansiedad ligada a la presencia de otros perros puede perturbar los hábitos alimentarios normales.
El lugar de la comida
Los cambios frecuentes en la ubicación de las comidas pueden perturbar a algunos perros y afectar su apetito. El nivel de distracción en el entorno de la comida también puede influir en el apetito del perro: un lugar demasiado animado o ruidoso puede distraerlo de su comida, reduciendo así su apetito. Además, un lugar asociado a experiencias estresantes o negativas puede reducir las ganas de comer.
Experiencias educativas
Una educación coercitiva puede tener un impacto significativo y negativo en el apetito de un perro al generar un estrés crónico que puede provocar una disminución del apetito. La ansiedad también puede causar trastornos digestivos, reduciendo las ganas de comer. Los métodos basados en el castigo pueden crear una asociación negativa con la comida: si el perro es castigado durante o después de las comidas, puede desarrollar aversión a la comida y el miedo a cometer un error puede inhibir el comportamiento alimentario natural.
Causas alimentarias e intrínsecas
Si bien puede parecer paradójico decirlo así, algunas causas de falta de apetito tienen su origen en pequeños ajustes que no siempre consideramos:
Golosinas y masticables
Si bien su uso es frecuente en el marco de una educación amable o necesario cuando se trata de masticables, no hay que olvidar que aportan calorías y saciedad. Así, para un perro sano que no tiene problemas de comportamiento y cuyo entorno está bien gestionado, puede ser pertinente cuestionarse el impacto potencial de un aporte excesivo además de su ración diaria. Algunos perros no verán ningún inconveniente (¡al contrario!) y esto a menudo se traduce en un aumento de peso, pero otros reducirán por sí mismos sus aportes al no terminar su comida.
Cantidades demasiado grandes
Al igual que con las golosinas y los masticables, puede ser simplemente que tu perro reciba una cantidad excesiva de alimento en relación con sus necesidades y/o su gasto físico (estos últimos consumen energía y provocan la sensación de hambre). Un ajuste de las cantidades distribuidas o un cambio a un alimento más adecuado puede reequilibrar el apetito de tu perro. Esto ocurre a menudo al final del crecimiento, cuando el animal disminuye sus necesidades energéticas y su racionamiento no se revisa a la baja. No dudes en pesar la cantidad total diaria de alimento que le das a tu perro y en pedir ayuda a tu veterinario o a nuestro servicio de nutrición para controlar sus raciones en relación con sus necesidades (reales), especialmente si tu animal tiene una frecuencia de deposiciones elevada (más de 3 deposiciones al día).
Preferencias personales
Como se mencionó en la introducción, nuestro perro no tiene poder de decisión sobre su alimentación. Sin embargo, ¡eso no le impide tener preferencias! Los perros poseen receptores gustativos que les permiten percibir diferentes sabores. Aunque su sentido del gusto está menos desarrollado que el de los humanos, son capaces de distinguir diferentes tipos de alimentos, lo que les confiere la posibilidad fisiológica (y el derecho) de apreciar o no un alimento.
Exposición temprana
Las experiencias alimentarias durante el período de crecimiento juegan un papel en el desarrollo de las futuras preferencias alimentarias del perro. El período de crecimiento representa una ventana de sensibilidad importante: el sistema gustativo del cachorro está en desarrollo y es particularmente receptivo a nuevas experiencias. Las experiencias positivas o negativas durante este período pueden tener un impacto duradero en las preferencias alimentarias. Los sabores transmitidos a través de la leche materna y la observación del comportamiento alimentario de la madre también pueden influir en el comportamiento futuro del cachorro.